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El aumento del consumo de energía y de emisiones

Hemos podido observar los recursos energéticos más utilizados en Castilla y León, y que se pueden consumir directamente, o bien a partir de un proceso de transformación, que permiten obtener electricidad u otros productos derivados como, por ejemplo, los combustibles, que finalmente son consumidos con finalidades energéticas. A continuación, veremos que, cada vez, necesitamos más cantidad de recursos energéticos, y la razón es simple: cada vez consumimos más.

Si los países que consumen más energía no modifican sus políticas energéticas, la demanda mundial de energía crecerá un 50% hasta 2030, según estimaciones de la AIE (Agencia Internacional de la Energía). Los hidrocarburos seguirán siendo la fuente energética más importante dentro de 25 años. El petróleo y el gas natural supondrán un 60% de la demanda de energía en 2030, mientras que las energías renovables representarán tan sólo un 10%.

La fuente de energía que registrará un mayor incremento de la demanda en términos absolutos será el gas natural, cuyo consumo crecerá un 2,1% anual. Esta evolución representa un incremento del 75% en el próximo cuarto de siglo, hasta los 4,8 billones de metros cúbicos de gas. La demanda de carbón aumentará un 1,4% anual, hasta los 7.300 millones de toneladas en 2030. Crecerá también la producción de la energía nuclear pero menos que otras fuentes, mientras que las energías renovables aumentarán más que el resto, con una media del 6,2% por año. Sin embargo, su cuota de mercado seguirá siendo reducida y quedará relegada al 2% del consumo total en 2030.

Como consecuencia directa de este incremento en el consumo de energía, las emisiones de gases contaminantes también han aumentado significativamente en este período. El gas que se libera en más cantidad en los diversos procesos de transformación de la energía (sobre todo en las centrales térmicas convencionales), y el consumo final (sea en la industria, en el transporte o en el sector doméstico y servicios), es el gas CO2. Las emisiones de CO2 han tenido un aumento constante, excepto en un periodo corto de tiempo a mediados de los años ochenta. Se puede observar claramente como este período en que el nivel de las emisiones no sigue la tendencia de aumento, coincide con el período en el que el consumo de energía también vive un punto de inflexión en el crecimiento.

Como habíamos visto en el capítulo anterior, de esta mayor presencia de CO 2 en la atmósfera puede resultar un efecto invernadero y puede producir –si no lo ha producido ya– un calentamiento global del planeta. La comunidad internacional ha tomado conciencia del problema y ha llegado a acuerdos para limitar las emisiones mundiales de los gases que inciden en el efecto invernadero, y mitigar los efectos. Estos acuerdos fueron aprobados en la pasada conferencia de Kyoto en Diciembre de 1997. Los miembros del Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático se reunieron por primera vez para su seguimiento en Montreal, Canadá, en 2005, donde se estableció el llamado Grupo de Trabajo Especial sobre los Futuros Compromisos de las Partes del Anexo I en el marco del Protocolo de Kioto, orientado a los acuerdos a tomar para después de 2012. En diciembre de 2007, en Bali, Indonesia, se llevó a cabo la tercera reunión de seguimiento, así como la 13ª cumbre del clima con el foco puesto en las cuestiones post 2012. Se llegó a un acuerdo sobre un proceso de dos años, u “hoja de ruta de Bali”, que tiene como objetivo establecer un régimen post 2012 en la XV Conferencia sobre Cambio Climático, de diciembre de 2009, en Copenhague, Dinamarca.

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