El transporte es uno de los sectores que más petróleo consume en forma de combustible. A nivel mundial, la demanda de gasolinas representa un 25% de la demanda total de derivados del petróleo.
Los combustibles que se utilizan en todo el mundo para impulsar los diferentes medios de transporte –automóviles, motocicletas, camiones, barcos, aviones o trenes– son las gasolinas, los gasóleos y los querosenos, carburantes con los que se alimentan los motores que transforman la energía térmica contenida en los hidrocarburos en movimiento.
Las gasolinas son utilizadas en los motores de explosión, los gasóleos en los motores Diesel y los querosenos en los reactores de los grandes aviones comerciales y de transporte de mercaderías. Actualmente, se comercializan dos tipos de gasolinas: la sin plomo de 95 octanos (el octanaje indica la velocidad de detonación de un combustible líquido en unas condiciones de análisis estándar) y la gasolina sin plomo de 98 octanos. De gasóleos hay también de diversas calidades según el tipo de vehículo al que van destinados: automóviles, camiones, vehículos agrícolas, barcos, etc.
La mezcla de propano y butano, además de ser la más utilizada como combustible doméstico, se utiliza también como carburante de vehículos a motor. Se almacena, transporta y suministra en fase líquida a temperatura ambiente y a bajas presiones, esto permite disponer de una elevada densidad energética en poco volumen. Des de un punto de vista técnico no hay restricciones porque cualquier vehículo equipado con un motor adecuado pueda utilizar estos gases licuados de petróleo o GLP.
Las gasolinas y el gasóleo de automoción se distribuyen en estaciones de servicio.
Químicamente, la gasolina es una mezcla de alcanos, cicloalcanos y compuestos aromáticos de 4 a 10 átomos de carbono, mientras que el gasóleo es una mezcla de hidrocarburos de 14 a 20 átomos de carbono.
La gasolina no tiene color, pero se le añade un colorante artificial –amarillo, rojo o azul– que ayuda a controlar los grados.