Como combustible, el petróleo está presente en algunos hogares en forma, principalmente, de gases licuados del petróleo y (GLP). Se trata del propano (C3H8) y el butano (C4H10), gases que se distribuyen mediante las populares bombonas de color naranja, o con los cuales se llenan regularmente los depósitos centralizados que alimentan calefacciones y cocinas en edificios de viviendas, edificios públicos o casas aisladas que no disponen de otras fuentes de energía.
El gasóleo de calefacción también se utiliza en el sector doméstico como fuente de calor, básicamente en redes centralizadas que, como en el caso anterior, alimentan a conjuntos de viviendas. Es un combustible menos limpio que los GLP ya que su combustión libera más cantidad de CO2 y otras sustancias contaminantes.
El motor de combustión interna es un motor térmico en el que una parte de la energía liberada cuando quema el combustible se transforma en trabajo.
El motor Diésel y el motor de explosión –a dos tiempos o a cuatro– son dos ejemplos.
Los gases producidos por el motor se expulsan al exterior del vehículo a través del tubo de escape. Uno de los inconvenientes de este tipo de vehículos es el bajo aprovechamiento que hacen del contenido energético de los hidrocarburos, ya que apenas aprovechan el 30% de la energía.
No obstante, la eficiencia de los motores ha aumentado de una manera muy importante en las últimas décadas; los vehículos que se fabrican hoy en día consumen unos 4-5 litros de gasolina cada 100 Km -a más velocidad, más consumo-, mejorando la eficiencia de los vehículos de hace unos años, que tenían un consumo de hasta 15 litros.