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Radiactividad

La radiactividad es la propiedad de algunos elementos que se encuentran en la naturaleza –como el uranio, el torio o el radón–, de emitir radiaciones sin que, previamente, haya sido necesario aportar energía.

Las radiaciones ionizantes son aquellas que tienen suficiente energía como para ionizar la materia, es decir, extraer los electrones de su estado ligado al átomo. Este tipo de radiaciones es una característica común a muchos átomos cuyo núcleo es inestable debido a que el número de neutrones es reducido o, por contra, excesivo. Estos átomos se llaman radioactivos.

La emisión de radiaciones pueden ser de cuatro tipos diferentes: alfa, con poca capacidad de penetrar y travesar la materia, pero con mucha intensidad energética; beta, un poco más penetrante, pero menos intensa; gamma, muy penetrante; y neutrónica, también muy penetrante.

La intensidad con la cual se desintegra una sustancia radioactiva se llama actividad, y expresa el número de átomos que se desintegran por unidad de tiempo. La unidad que mide la intensidad es el becquerel, en honor al científico que descubrió este fenómeno.

Radiación y radiactividad forman parte de la naturaleza y de nuestro propio cuerpo, ya que procede de las materias que hay por todo el Universo. Estas radiaciones naturales provienen de los procesos nucleares que se producen en el exterior de la Tierra (radiación cósmica), de las sustancias radioactivas presentes en la corteza terrestre (la presencia de las cuales varía según el sitio del planeta) y también la genera el organismo humano.

Las causas artificiales de radiación son, principalmente, las que proceden de las instalaciones nucleares y las que se producen durante las exploraciones radiológicas con finalidades médicas. Los televisores y, en general, la mayoría de aparatos electrónicos también son una fuente de radiación, pero a muy pequeña escala.

El propio cuerpo humano emite radiación del potasio-40 que lo constituye.

El descubrimiento de la radiactividad

En 1896, Henry A. Becquerel, descubrió la radiactividad cuando investigaba la fluorescencia del sulfato doble de uranio y potasio y se dió cuenta que el uranio emitía radiación de forma espontánea.

Los trabajos de Becquerel dieron a los investigadores franceses Pierre y Marie Curie a estudiar la radiactividad de los minerales del uranio, y en 1968 descubrieron dos elementos químicos nuevos: el radio y el polonio, formados íntegramente por átomos radioactivos. El 1903, recibieron conjuntamente el Premio Nobel de Física por haber hecho estos descubrimientos.

En 1902, Ernest Rutherford y Frederich Soddy demostraron que la emisión de radiación podía provocar que un elemento químico se transformase en otro de manera espontánea, pero quedaba por demostrar que el radio fuese un elemento químico como cualquier otro. Marie Curie consiguió aislar unos cuantos gramos de radio a partir de diversos átomos de un mineral llamado pechblenda, hecho por el cual recibió el Premio Nobel de Química, en 1911.

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