La cocina, el horno, la lavadora, el lavavajillas, el frigorífico, el congelador, el termo, la plancha, la secadora, el televisor, el ordenador, el microondas o el equipo de aire acondicionado, son algunos de los aparatos accionados con corriente eléctrica que pueden encontrarse en el hogar, en el comercio o en los servicios colectivos, como hospitales o escuelas.
Para ello, hay que conectarlos a un enchufe de la red eléctrica, bien sea en forma de calor –aprovechando la propiedad de alguno de sus elementos de ofrecer resistencia al paso de corriente eléctrica y calentarse–, o en forma de trabajo al ser accionado por un motor eléctrico.
La electricidad puede ser empleada también como fuente de confort ambiental, para climatizar las viviendas o los lugares de trabajo. Hay numerosos sistemas y aparatos de calefacción eléctrica: los de calefacción directa, que emiten calor en el mismo momento en el que se produce; los de calefacción por acumulación, que almacenan calor en aparatos especiales durante un determinado período –los acumuladores–, y la emiten al ambiente cuando es necesario; o los de calefacción mixta, que combinan ambos sistemas.
La climatización durante las épocas de calor ha sido resuelta, asimismo, mediante aparatos eléctricos que operan con un ciclo semejante al de los frigoríficos y congeladores domésticos: los equipos de aire acondicionado. Estos acondicionadores pueden proveer sólo frío en verano, o con bomba de calor, para el invierno. La bomba de calor es una máquina que suministra más energía de la que consume, gracias al aprovechamiento que hace de la energía ambiental del exterior.