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Historia del petróleo

El petróleo es conocido desde la antigüedad. Según la Biblia, Noé impermeabilizó su arca con betún, un derivado del petróleo. La historia explica también que los pueblos de Mesopotamia hacían comercio con los asfaltos, las naftas y los betunes. Al sur del actual Irán ya había unos pozos de petróleo hace unos 500 aC. y los chinos buscaban petróleo bajo tierra utilizando cañas de bambú y tubos de bronce, y lo utilizaban para usos domésticos y de alumbrado. Los fenicios comerciaban con petróleo que obtenían en las orillas del mar Caspio. Los griegos destruían las flotas enemigas derramando petróleo al mar y prendiéndole fuego. El aceite de piedra también se utilizó en la época preindustrial con finalidades terapéuticas, para embalsamamiento de los muertos y también como remedio natural contra las contusiones, las quemaduras o los reumatismos.

El primer pozo de petróleo “moderno” lo perforó en 1859 Edwin Drake en Pensilvania, en los Estados Unidos. Drake hizo un sondeo en el valle de Oil Creek para la empresa Seneca Oil y después de meses de esfuerzo el petróleo brotó espontáneamente de un pozo de 21 metros de profundidad. Este descubrimiento estimuló la actividad de la perforación de pozos –la fiebre del petróleo–, llegando a una producción de 25.000 toneladas un año más tarde. Acababa de nacer una de las industrias más poderosas del planeta: la petrolera, y comenzaba a recular la que había sido la fuente de energía más importante, la del carbón.

Este aceite mineral comenzó a entrar en juego como recurso energético hacia finales del siglo XIX, época en que era utilizado para la iluminación en la forma de queroseno, un producto intermedio entre las naftas y el gasóleo que quemaba en quinqués y otros tipos de lámparas, razón por lo cual se llamaba también petróleo de quemar. El bajo precio del petróleo, consecuencia de la gran cantidad disponible, estimuló el consumo de queroseno en el alumbrado y en las cocinas y la calefacción.

El gran cambio histórico se produjo cuando aparecieron los motores de explosión (Daimler, 1887) y de combustión (Diesel, 1897), los cuales permitieron el desarrollo espectacular de nuevos sistemas de transporte por tierra y aire, y la sustitución de los combustibles tradicionales por derivados del petróleo tanto en el transporte marítimo como en el terrestre (ferrocarril) así como la industria. Acababa de nacer una de las industrias más importantes del siglo XX: la automoción.

Paralelamente a la utilización de los derivados del petróleo como fuente de energía, el aprovechamiento de los centenares de hidrocarburos presentes en este aceite mineral abrió otra vía industrial, la petroquímica, que inició la síntesis y producción de una gran cantidad de sustancias a partir de la manipulación de los componentes del petróleo, y puso en el mercado muchos productos químicos desconocidos: plásticos, compuestos de uso farmacéutico, etc.