El sector eléctrico ha pasado de tener una estructura en la que la electricidad era producida en régimen de despacho económico, y distribuida y comercializada con carácter de monopolio geográfico por empresas verticalmente integradas, a tener una estructura en la que se crea una separación entre generación, transporte, distribución y comercialización. En este nuevo marco, el consumidor puede escoger libremente la empresa comercializadora, o ir directamente al mercado eléctrico para encontrar la mejor oferta.
Este nuevo mercado eléctrico se caracteriza por tener un sistema de ofertas de productores, englobados en lo que se conoce como “régimen ordinario”, y que está integrado para todas aquellas centrales que se dedican exclusivamente a generar electricidad a gran escala.
Fuera de este libre mercado, operan unos productores en “régimen especial”, que tienen unas condiciones particulares definidas por la Administración, debido al ahorro energético o al uso de energías renovables.
El mercado se organiza para cubrir las demandas en períodos de un día. El mercado de un día en concreto se crea durante la mañana del día anterior –usualmente, se cierra sobre las 10 de la mañana. Antes de esta hora, los productores de electricidad deben haber enviado al operador del mercado de la Compañía Operadora del Mercado Español de Electricidad, OMEL, su producción total y su precio por cada hora del día siguiente.
Las empresas compradoras tienen que hacer la misma operación: presentar las demandas de electricidad y el precio de compra por cada hora, antes de que se cierre el mercado diario. OMEL, con todas las ofertas y demandas delante, determina el programa del día siguiente, en base al cual se reordena la producción prevista para cada hora.