Saltar al contenido principal.

Escudo de la Junta de Castilla y León; Página de inicio

Contacto

Energía y Minería en Castilla y León

Redes Sociales

  • X. Abre una nueva ventana
  • Youtube. Abre una nueva ventana
  • Linkedin. Abre una nueva ventana
Contenido principal. Saltar al inicio.

Almacenaje

Los residuos radioactivos tienen un periodo desintegración que puede llegar a ser de miles de años, por eso se deben almacenar adecuadamente según sus características. En este sentido, se clasifican en residuos de baja, media y alta actividad.

En España, se producen anualmente unas 2.000 toneladas de residuos de baja y media actividad y unas 160 toneladas de residuos de alta actividad. Suponiendo que las centrales nucleares actuales tengan un plazo de funcionamiento de 40 años, los residuos de baja y media actividad que se generarían, incluyendo el desmantelamiento, equivaldrían al volumen de un estadio de fútbol, y los de alta actividad al volumen de una piscina olímpica de 50 metros.

Esta empresa fue creada el 1984 y tiene la misión de gestionar los residuos radioactivos que se generen en el Estado español y desmantelar centrales nucleares.

El objetivo de la gestión de los residuos radioactivos es inmovilizarlos y aislarlos del medio ambiente, garantizando que ni las personas ni el medio ambiente se vean afectados por un riesgo radiológico y minimizar las cargas de las generaciones futuras.

Los residuos de baja y mediana actividad

Se trata de residuos que contienen isótopos emisores de radiaciones beta o gamma, o de ambos tipos. Su periodo de semidesintegración es inferior o igual a 30 años y no desprenden calor. Se puede encontrar este tipo de residuos en herramientas o materiales que se usan en algunas zonas de las centrales nucleares, en material médico diverso utilizado en determinadas áreas de hospitales, etc.

Actualmente, todos los residuos radioactivos de baja y media actividad que proceden de la producción de energía eléctrica en las centrales nucleares y el uso de materiales radioactivos en medicina, investigación, industria y agricultura, se almacenan en el Centro de Almacenamiento de El Cabril, situado en los contrafuertes de Sierra Morena, en plena Sierra Albarrana, en el término municipal de Hornachuelos (provincia de Córdoba), en funcionamiento desde 1992.

Los residuos llegan a El Cabril en bidones transportados por camiones especiales. Cuando ya han sido identificados, se clasifican en diversas categorías: residuos ya acondicionados aptos para introducirlos directamente en los contenedores; residuos para ser compactados; residuos ya acondicionados destinados al laboratorio para pruebas y ensayos; y residuos que requieren acondicionamiento.

Una vez tratados, se introducen en bidones metálicos dentro de una matriz de hormigón y en contenedores cúbicos, también de hormigón. Cuando estos contenedores están llenos, se tapan con una losa y se rellenan con mortero para inmovilizar el contenido.

Estos contenedores se ubican dentro de una de las 28 celdas de almacenaje que hay y que tienen, cada una de ellas, capacidad para unos 320 contenedores. Cuando la celda está llena, se clausura también con una losa de hormigón que posteriormente se impermeabiliza. Las celdas de almacenaje, una vez llenas, se recubren con capas alternativas de materiales de drenaje e impermeables que eviten que posibles infiltraciones de agua de lluvia entren en contacto con los residuos, recuperando la topografía inicial.

Bajo las celdas de almacenaje se instala una red de control de infiltraciones de agua, que permite vigilar si se ha producido entrada de agua, a pesar de todas las medidas llevadas cabo para sellar. En el caso de haber infiltraciones, se localizaría el lugar exacto para proceder a repararlas y se analizaría el agua para determinar si ha habido contacto con los residuos y, de esta manera, garantizar que no hay fuga de isótopos radioactivos en el medio ambiente.

Los residuos de alta actividad

Los residuos de alta actividad son los que contienen isótopos que emiten ondas alfa, y que tienen un periodo de semidesintegración superior a 30 años y pueden desprender calor. Básicamente, están formados por el combustible gastado de les centrales nucleares.

El proceso de extracción de los residuos de alta actividad se inicia cuando se para el reactor para recargar combustible. Se extrae, aproximadamente una tercera parte de los elementos combustibles ya gastados, que forman el núcleo del reactor, y se transportan por un canal de agua hasta la piscina (que es de hormigón con paredes de acero inoxidable), destinada a almacenarlos temporalmente dentro de la misma instalación.

Los elementos combustibles gastados se almacenan bajo el agua para que disminuya la carga térmica y decaiga parte de la actividad. Se utiliza agua, el hormigón y el acero debido a la capacidad de blindaje que tienen para las radiaciones ionizantes que emiten estos elementos, y así permitir manipular el combustible de forma segura, sin ningún riesgo de contaminación.

El almacenaje del combustible gastado en las piscinas de las centrales es una tecnología segura y ampliamente probada a nivel internacional; la manipulación del combustible es mínima y siempre bajo el agua, cosa que permite reducir los riesgos y las dosis radioactivas asociadas; la limitación de esta alternativa es el propio espacio físico de las piscinas, hecho que imposibilita una ampliación continua.

En los últimos años, las centrales nucleares españolas han duplicado la capacidad inicial de almacenaje de las piscinas, gracias a haber sustituido los bastidores iniciales –donde se colocan los elementos combustibles–, por otros más compactos, construidos con materiales nuevos que mejoren la capacidad de absorción neutrónica.

El último Plan general de residuos de España, del año 2006, también contempla la construcción de almacenes temporales en la ubicación de la propia central, donde los elementos combustibles se alojen en contenedores especialmente diseñados con esta finalidad, como complemento a las piscinas y como un paso intermedio antes de un almacenaje definitivo.

Todas las centrales nucleares españolas, excepto Trillo, tienen almacenado el combustible utilizado durante su funcionamiento en las piscinas situadas dentro de su instalación. La central nuclear de Trillo saturó su piscina el año 2002 y empezó a almacenar los residuos en contenedores metálicos en seco, dentro de una nave construida especialmente con esta finalidad dentro de los terrenos de la central.

El almacenaje en contenedores metálicos permite ampliar la capacidad de almacenaje de forma segura, flexible y progresiva; la manipulación futura del combustible irradiado se minimiza en utilizar un mismo contenedor para el almacenaje y el transporte; y estos mismos contenedores se podrían utilizar en un futuro almacenaje temporal.

Mapa Web